CONSTERNADO, como todos los venezolanos dentro y fuera del país, recibí la nefasta noticia de los dos terremotos que este 24 de junio sacudieron nuestra amada patria.. Confusión, dolor, tristeza y lágrimas fueron las primeras reacciones en mi alma, y confieso que de inmediato abrí mi Biblia para buscar una explicación divina a este desastre. Busqué y busqué, y llegó un momento en que pensé que no había esa explicación, pero clavé mi vista en 1 de Samuel 2/6/9 y me volvió la fe. Sigan leyendo.

1 de Samuel 2/6/9 nos dice que “Jehová mata, y el da la vida. El hace descender al sepulcro y hace subir. Jehová empobrece y El enriquece. Levanta del polvo al pobre, y al menesteroso lo enaltece del estiércol, porque de Jehová son las columnas de la Tierra y el puso sobre ellas el mundo”.
SIN EMBARGO, algo no me convencía ante tantos muertos, heridos y desaparecidos, y llegué a pensar que Dios nos había abandonado, ya que vino a mi memoria el salmo 22, que nos lleva al momento en que Jesús expiraba clavado en una cruz, y exclamó : “¿Dios mío, Dios mío, porque me has abandonado?. Mi consternación crecía al no encontrar explicación para este desastre, pero cayó en mi celular algo que me indicaba que no, no estábamos abandonado, que no estamos solos. Sigan leyendo.

LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE PANAMÁ manifestaba su apoyo al pueblo venezolano y a la comunidad venezolana residente en ese país, asegurándonos que «no están solos». Los obispos panameños pidieron a Dios fortaleza para las familias afectadas, sabiduría para las autoridades y protección para quienes trabajan en las labores de rescate, confiando al país a la intercesión de Nuestra Señora de Coromoto.

ANTE ESTAS REFLEXIONES, dejé atrás aquella frase exteriorizada por Simón Bolívar en 1812, cuando un terremoto devastó a Caracas, al decir que “Si la naturaleza se opone lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca” Que equivocado estaba nuestro Libertador al olvidarse que hay un Dios que si lo puede todo, y quizás no había leído a 1 de Samuel 2/6/9.

MI NATURALEZA HUMANA me impedía estar tranquilo, y opté por llamar a mis hijas, una de ellas, Marlín, la mayor, no me pudo atender, pues un grupo de vecinos y vecinas de Cabudare, donde reside, estaban rezando un rosario, y decidí mantenerme en casa, aquí en Guanare, y en la soledad de mi espíritu, también elevé mis oraciones al cielo, con la certeza de que serían oídas.

IMPACTADO, “sintonicé” las redes sociales y la angustia se apoderó de mi corazón al darme cuenta de lo que realmente pasaba en una parte importante de Venezuela, pero solté el llanto en solitario al ver al pequeño Mateo, que es el nombre de un niño que había sido rescatado de unos escombros, y de manera desesperada bebía un jugo que una rescatista le daba, y cuando esta le preguntó por su padre, el niño dijo “Mi papá está muerto”, y de seguidas le preguntan por su mamá, y casi de manera ingenua, el pequeño Mateo, sin soltar su jugo, respondió: “Mi mamá dejó de respirar ayer”.. Cómo no llorar al ver a otro niño rescatado en los brazos de un funcionario, quien le preguntó por su padre, y el pequeño respondió con su infantil lenguaje: MI PAPA ESTA “MORÍO”.

CÓMO NO SOLTAR torrentes de lágrimas al ver cuando los rescatistas le entregaban una niña a su padre tras ser sacada viva de unos escombros y le preguntó a su papá.- ¿Dónde está mi mamá?.- Su padre, bajó la cabeza y dijo entre sí,. ¿Cómo le digo a mi hija, que su mamá murió al sacarla a ella de los escombros y no pudo evitar que le cayese encima una pared?, Prefirió morir ella antes que su hija. Cómo no acongojarse al ver en vivo en las redes sociales a un socorrista salir de unos escombros dando gritos de angustia, pues había conseguido muertos a decenas de niños que estaban en una fiesta infantil. ¿Por qué le pasan estas cosas a los niños? Me pregunté sin contener mis lágrimas, pero mi alma se reconfortó un poco al recordar el pasaje bíblico, donde nuestro señor Jesucristo dijo: “Dejad que los niños vengan a mí porque de ellos es el reino de los cielos”.

TRATANDO DE CALMAR MI ANGUSTIA, salí a la calle y me topé con decenas de personas que se habían constituido en centros de recolección de insumos para enviarlos a los damnificados en La Guaira, Caracas y otras zonas del centro del país, insumos que eran llevados por decenas de camiones particulares que también se sumaron a esta humanitaria tarea y allí me di cuenta que en el venezolano no se ha perdido esa importante virtud de la solidaridad, sobre todo al ver gente de todos los estratos sociales llevando su “kilo de amor”, que quizás era lo que tenían para cocinar ese día en su casa, pero se desprendieron de ello para socorrer a otros. ¡Qué grande es el venezolano!

PASARÁ TIEMPO, mucho tiempo para que podamos reponernos de esta tragedia, pero lo lograremos con la fe en Dios, quien sí sabe lo que hace, pero por ahora voy a dejar esta Antena hasta aquí para agradecer a todos aquellos que tuvieron tiempo, pese a la situación atravesada, de enviarnos un saludo por la celebración este sábado 27 de junio por ser el Día del Periodista, cuya celebración, como es obvio, hubo que suspender, aunque creo que la Misa no ha debido suspenderse, por decisión de la junta directiva del CNP, ya que era una buena oportunidad de, juntos, orar por nuestros hermanos, víctimas de los terremotos, pero yo, en solitario, estuve varios minutos en la iglesia San José Obrero, cercana a mi residencia, elevando una plegaria al Todopoderoso por nuestros compatriotas afectados por la tragedia, y también para darle gracias al Creador por haberme guiado en el desempeño de “la profesión más importante del mundo”, para decirlo en palabras de Gabriel García Márquez.

Unidos por Venezuela

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